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ZURICH Un nuevo comienzo para Tere/A new beginning for Tere

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De nuevo en Zurich

Llegué a Zurich en un anochecer de invierno, un fuerte viento soplaba y papeles de diario levitaban por el aire.
Se cumplía un ciclo. Un viaje que había comenzado en Octubre, en Lyon me traía de regreso a Febrero en Zurich.

Cuatro meses de viaje


Un mes en Lyon, un mes recorriendo algunas ciudades de Francia, dos meses en Argentina visitando mi familia (tres años que no pisaba suelo Argentino). Cinco viajes en avión (dos de ellos intercontinentales) Parecía increíble. Yo tan tenebrosa de esas máquinas en las que Da Vinci se inspiró a crear observando el vuelo de las aves. Esas máquinas en las que había confiado, me habían traido de vuelta a Suiza.

Era yo misma la que me había dicho que necesitaba una pausa de Zurich. La que necesitaba salir y ver un poco el mundo, ver a mi familia que hace tres años que no veía, y tomar perspectiva. ¿Es que yo realmente quería vivir en Zurich?

Las despedidas

Las lagrimas se me piantaron en el aeropuerto de Buenos Aires. Creo que los aeropuertos tienen eso de emocionante, de incertidumbre, de amor, de conexión. Lo que mas me movilizó del viaje fueron: la bienvenida y la despedida, caer en cuenta que estaba de nuevo en Argentina con mi familia y saber que el viaje se estaba terminando y Europa me esperaba. Era sensación de tener un nudo en la panza imposible de ponerle una palabra. Es horrible. Abrazar a mas no poder a mis viejos (padres) con esa incertidumbre de nuevo, de no saber cuando los volveré a ver. Escanear mi boarding pass y saber que empezaría a estar sola en migraciones y controles. 
Ese nudo que se va aflojando una vez que estoy arriba del avión y veo que no estoy sola viajando. Veo que hay otras personas también. Que se están despidiendo o estan dándole la bienvenida a un viaje. Y entonces me quedo pensando en que me espera un gran viaje por delante.
Como si a veces el viaje se reduciera mínimente con la sensación placentera de llegar y la amarga sensación de partir

Viajar en avión

Los aviones

Lo que mas me disgusta de viajar en avión es el olor a nafta al entrar en el avión. También el despegue, me veo a mi misma en extremo, como si estuviera a bordo de una nave espacial. Como cuando te subís por primera vez a una montaña rusa. Me gusta cuando el piloto da el aviso de que el avión llego a la altura, entonces ahí me relajo. No me gustan las turbulencias, pero se que forman parte del viaje. La paso muy bien cuando hay días despejados, cuando se puede ver amaneceres o atardeceres. Disfruto de los aterrizajes ver que el avión va bajando y se va viendo la ciudad cada vez con mayor claridad y se ve la pista y el avión va frenando de a poco.
Si es un vuelo largo odio dormir sentada, mejor si tengo un asiento libre al lado para apoyar mis pies. Los vuelos se me pasan mas rápido cuando la tripulación vienen a darnos la comida. Como viajé con Lufthansa tuve el gusto de ver muchos alemanes rubiecitos y lindos en el servicio. En los momentos que me aburría mirarlos era mi fuente de distracción e imaginar escenarios.

Me gusta sentarme en los asientos de atrás. No entiendo porqué a la gente no le gusta ¿quizás por que son ansioso y les gusta ser los primeros en bajar cuando el avión aterriza? Yo que no soy amante de viajar cerca de la turbina (donde está ese ruido que me molesta y me recuerda que estoy en un avión) Se que viajo mas cómoda, como pocos los elijen, a veces quedan vacíos y tengo la suerte de viajar cómoda y descansar en dos asientos.

Durante el vuelo

En ese vuelo de Buenos Aires con conexión a Frankfurt y en dirección a Madrid conocí a unas portuguesas con las que hablábamos de tanto en tanto. Me dieron un alivio al recordarme que el vuelo duraba dos horas menos cuando se viaja al este. Las adoré. 

Cuando hice la conexión en Frankfurt, ese inmenso aeropuerto, tuve la sensación de sentirme valiente por emprender este viaje sola y bancarme hacer la conexión (caminarme medio aeropuerto, volver a pasar controles, la aduana y encontrar la nueva puerta de embarque) No tengo tantos viajes en avión, pero ya me siento pro cuando veo que puedo hacer algo para pasar rápido la cola de controles (como sacarme el cinturón)

De Frankfurt a Madrid. Un vuelo de dos horas. Habían varios asientos libres en el fondo y aproveché para tomar una siesta. El vuelo fue muy tranquilo.

Madrid / observar

Al aterrizar en Madrid tuve una sensación de bienestar. Como si algo de mí estuviera presente en esas calles con un aire a Buenos Aires. Camino a Móstoles (afueras de Madrid, donde vive mi primo) observé los paisajes desde el tren y era un no pensar-pensar placentero. Como si mi cuerpo también se alegrara de estar en Europa, como ver el mundo con nuevos ojos.
Me quedé dos noches en su casa, donde me mimó con su
 cálido aire Argentino. Y ahi me di cuenta que mi primo y yo teníamos otra cosa en común: además de ser Argentinos los dos habíamos decidido venir a vivir al exterior. 
Disfruté una Madrid fría y lluviosa. Un punto de conexión de Europa y Suiza.
A la madrugada volví a Barajas a tomar el avión regreso a mi nueva casa Zurich.

Zurich

En Zurich había estado nevando las semanas anteriores a mi regreso. Y quería ver algo de nieve.

Cada vez que vuelvo a Zurich me pongo contenta. Esa sensación parecida que tuve cuando llegué a Madrid. De hecho me encanta el aeropuerto de Zurich. Un aeropuerto muy moderno, limpio y ordenado, como lo es Suiza.
Alli volví a experimentar ese estado de observación. De calma y de apreciación. No me quería perder de nada. Como volver al mar después de mucho tiempo. Poner los pies en la arena y sentir el olor a sal.

Zurich me recibió mucho mejor de la forma que había sido tres años anres. Era como si las puertas se abrieran de par en par. Supongo que por el amor que le di durante todo este tiempo habitándola. En cuatro meses afuera me di cuenta que muchas relaciones que yo necesitaba ahi estaban.

Si uno hace las cosas con amor siempre ese amor quedará presente en las cosas. Creo que volver a Buenos Aires me hizo bien darme cuenta la gran impresión que dejé en mis amigos y mi familia. Y lo mismo me pasó con Zurich.

Reencuentros/volver a empezar

Estela, mi amiga de México, me recibió en su casa por unos días mientras buscaba casa. Al tercer día había visitado un cuarto para alquilar y me habían dado el sí. La semana siguió con reencuentros. Me vi con muchos amigos (esas amistades que el amor y el tiempo se encargó de cultivar y hacer florecer). Con volver a mi trabajo y ver caras nuevas y conocidas, recibir sonrisas y aprecio por parte de mis colegas y mi jefe. Encontrarme trabajando en la apertura de un nuevo local y celebrar el comienzo frente a mis jefes. Dije wow, estoy haciendo las cosas muy bien. Todo está en marcha Tere. Las cosas empezaban a hablar por si solas.

Y fue el placer de sentir que en un período de tres años me armé una gran vida en Zurich. Seguí adelante después de cortar con mi ex. Conseguí un buen trabajo donde me siento bien, aprendí tres idiomas, me armé de buenas amistades. Y hace unos días me mudé a una linda casa con la que comparto con una simpática Suiza.

Supongo que se trata de hacer el gran balance ahora que volví y de centrarme en nuevos objetivos. De pisar fuerte sobre estos nuevos cimientos, que yo misma hace tres años decidí ponerlos acá.

Con amor

Tere

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Back in Zurich

I arrived in Zurich on a winter evening. A strong wind was blowing, and  newspapers levitated through the air.
It was a cycle. A trip that had begun in October in Lyon brought me back to February in Zurich.

Four months of travel

A month in Lyon, a month travelling across some cities of France, two months in Argentina visiting my family (three years that I wasn’t in Argentina) Five trips by plane (two of them intercontinental) It seemed incredible. I so gloomy of those machines that Da Vinci was inspired to create, watching the birds fly. These machines that I trusted, had brought me back to Switzerland.

It was me who had said that I needed a break from Zurich. Go out and see the world, visit my family and have a new perspective. Do I really wanted to live in Zurich?

Goodbyes

The tears were pissed at the airport in Buenos Aires. I think airports have something interesting. You can found a lot of emotions living together. Exciting, uncertainty, love, connection. What most mobilized me of the trip was: the welcome and the farewell. To realize that I was back in Argentina with my family and to know that the trip was ending and Europe was waiting again for me. It was a feeling of having a knot in the belly, impossible to put a word. It is awful. To embrace my parents and to deal with that uncertainty again, of not knowing when I will see them again. Scan my boarding pass and know that I would start to be alone in migrations and controls.
That knot that is loosening once I’m up the plane and I see that I’m not traveling alone. I see there are other people too. That they are saying goodbye or are welcoming a trip. And then I keep thinking that a great journey ahead awaits me. As if sometimes the trip was reduced minimally with the pleasant feeling of arriving and the bitter feeling of leaving.

Travel by airplane

The airplanes

What I dislike most about traveling by plane is the smell of naphtha when entering into the plane. The takeoff, I see myself in extreme, as if I were aboard a spaceship, like when you first get on a roller coaster. I like when the pilot gives the signal that the plane has reached the height, then I relax. I do not like the turbulence, but I know they are part of the trip. I have a good time when the sky is clear, when you can see sunrises or sunsets. I enjoy the landings, to see that the plane gets closer to the track and the city is seeing more and more clearly.
If it’s a long flight I hate to be put my feets on the floor. I’d better have a free seat next to my feet. The flights happen to me faster when the crew come to give us the food. As I traveled with Lufthansa I had the pleasure of seeing many blond and cute Germans in the service. In the moments that I was bored looking at them was my source of distraction and  I imagine some scenarios.

I like to sit in the back seats. I do not understand why people do not like them, perhaps because they are anxious and love to be the first to get off when the plane lands? I am not a lover of traveling near the turbine (where there is that noise that bothers me and reminds me that I am on a plane) I know that I travel more comfortable, as few choose, sometimes they are empty and I am fortunate to travel comfortably and rest in two seats.

During flight

On that flight from Buenos Aires with connection to Frankfurt and towards Madrid I met some Portuguese girls with whom we spoke from time to time. I was relieved to be reminded that the flight lasted two hours less when traveling east. I adored them.

When I made the connection in Frankfurt, that huge airport, I had the feeling of being brave to take this trip alone and able to make the connection (I walk halfway airport, go back to controls, customs and find the new boarding gate) I do not have so many plane travel, but I already feel pro when I see that I can do something to pass the control queue fast (like taking off my belt before)

From Frankfurt to Madrid. A two hour flight. There were several free seats at the bottom and I took a nap. The flight was very peaceful.

Madrid / Open your eyes

When I landed in Madrid I had a sense of well-being. As if something of me was present in those streets with an atmosphere to Buenos Aires. On the way to Móstoles (outskirts of Madrid, where my cousin lives) I watched the scenery from the train and it was a no-think-think pleasant. As if my body was also glad to be in Europe, like seeing the world with new eyes.
I stayed two nights at his house, where he pampered me with his warm Argentine air. And there I realized that my cousin and I had something else in common: in addition to being Argentines we had both decided to live abroad.
I enjoyed a cold and rainy Madrid afernoon. A connecting point of Europe and Switzerland.

At dawn I returned to Barajas to take the plane back to my new house Zurich.

Zurich

In Zurich it had been snowing the weeks before my return. And I wanted to see some snow.

Every time I return to Zurich I feel happy. That feeling I had when I arrived in Madrid came also back. In fact I love Zurich airport. A very modern airport, clean and tidy, as is Switzerland.
There I again experienced this state of observation. Of calm and appreciation. I did not want to miss anything. Like going back to the sea after a long time. Put your feet in the sand and feel the smell of salt.

Zurich received me much better in the way it had been for three years. It was as if the doors were wide open. I suppose for the love I gave all this time inhabiting it. In four months, I realized that many relationships that I needed there were the meant to be.

If one does things with love, that love will always be present in things. I think that returning to Buenos Aires made me well realize the great impression I left on my friends and my family. And the same thing happened to Zurich.

Reunion / re-start

Estela, my friend from Mexico, hosted me at her house for a few days while looking for a house. By the third day I had visited a room to rent and had been given the yes. The week continued with reunions. I saw with many good friends. Returning to my work and seeing new faces and acquaintances, receive smiles and appreciation from my colleagues and my boss. Find myself working on the opening of a new store and celebrate the beginning in front of my bosses. I said wow, I’m doing things very well. Everything is in progress Tere. Things began to speak for themselves.

And it was the pleasure of feeling that in a period of three years I built a great life in Zurich. I went ahead after cutting with my ex. I got a good job where I feel good, I learned three languages, I made good friends. And a few days ago I moved to a nice house with which I share with a nice Swiss girl.

I guess it’s about making the big balance now that I came back and focusing on new goals. To stomp on these new foundations, which I myself decided three years ago to put here.

Love

Tere

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Get back to where you once belonged

¿Es que Tere estaba encontrando lo que había venido a buscar?

Was Tere finding what she had come for?
⇓English below

Diciembre me encontró de nuevo en Argentina, mi país de origen, después de casi tres años sin visitarlo. Un mes con reencuentros, con otra Buenos Aires, con otra Tere.

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 “It’s a funny thing about comin’ home. Looks the same, smells the same, feels the same. You’ll realize what’s changed is you.”  “Es una cosa curiosa volver a casa; todo parece igual, huele igual, siente igual. Te das cuenta de lo que ha cambiado eres tú.” El curioso caso de Benjamin Button

¿Cómo pasa el tiempo no?
Le decía a mamá, mientras mirábamos vídeos de cuando era chica. La filmadora y mis padres fueron los más fieles testigos de mi niñez. Pienso que además son los únicos registros que contamos para poder auto-observarnos.

El Skype tiene mucho que envidiarle a verse cara a cara con una persona. Si bien acorta distancias y nos hace sentir acompañados… no podrá darnos la experiencia de sentir un reconfortante abrazo familiar. Como sucede en esos días, que  estoy cansada porque tengo muchos desafíos por delante o porque me felicitaron en el trabajo.

Nos fuimos de vacaciones a Merlo, San Luis

Mis padres alquilaron una cabaña sobre la sierra de los Comechingones en el barrio Rincón del Este, en la localidad de Merlo. Y estuvimos 10 días compartiendo unas hermosas vacaciones en familia.

Allí en la ladera de las sierras la señal telefónica y del Wi-fi tenía muy poco alcance. Era una especie de suerte. De saber que las noticias del Facebook no cobrarían importancia. Allí el celular se comportaría de forma funcional. Y el resto encajaría en su justo lugar.
Eran en los atardeceres que me aguardaban infinitas charlas con mi vieja (mamá). De esas charlas que con un fino hilo me darían las respuestas que necesitaba.

Días en que mis ojos  miraban a la infinita gama del color verde de sus árboles. Y junto a mis oídos participaban como espectadores de una particular orquesta.
Fauna: de día, un zorro se cruzó por camino de ripio que nos dirigía a la cabaña que alquilábamos; de noche, una liebre corrió por delante del haz de luz de nuestro auto; un cuis posó en una piedra para la foto.
Aves: colibríes que picoteaban  una planta que daba flores naranjas; pájaros carpinteros que picaban las ramas de los árboles, zorzales que mostraban en su pico las lombrices, tordos, pajaritos y palomas.
Insectos: grillos, luciérnagas, tábanos que no cesaban de dejarnos ronchas en las piernas, moscas, abejas y avispas.
Nos pinchamos con los espinillos.
Por la ruta, casi inundada avistamos cisnes de cuello negro (propias de américa del sur) patos, garzas y chimangos.

Me enganché con un libro que le regalaron a ellá, a mamá. Una novela de Florencia Bonelli, titulada Marlene. Me cautivó tanto que lo leí en tres días. La historia la protagonizaba una joven Argentina que había vuelto de su viaje por Europa después de haberse convertido en una reconocida cantante de ópera. Me sentí identificada con muchas características de la protagonista. Sentí que ese libro me estaba queriendo decir algo.

Las vacaciones fueron una desconexión-conexión necesaria. Amo los paisajes de mi querido país.

Y volvimos

Y el pasto estaba mas crecido, habían algunas flores nuevas y algunas que otra cucaracha muerta en los rincones de la casa. Aunque la casa, estaba igual que siempre, había algo invisible que se hacía notar. Quizás porque esos 10 días en las sierras nos cambió y llegamos como transformados con una nueva visión de las cosas. La casa estaba distinta, ¿o éramos nosotros?

Registrar los cambios, los logros, lo que mas nos gustó

A veces no tomamos registro que minuto a minuto el pasto está creciendo, que el alimento que estamos comiendo nos está nutriendo, que el sol nos está iluminando y nos llena de energía.

Con o sin registro, pero sí con un margen de tiempo, nos damos cuenta que estamos distintos. Que esas pequeñas cosas que suceden en el día a día sí nos transforman.

“Intentando saber quiénes somos, nos hacemos los distraídos o no nos damos cuenta que lo que hacemos cada día se va transformando lentamente en lo que somos. SOMOS LO QUE HACEMOS CADA DÍA” Solo por hoy

Por eso no quería demorar mi llegada a Argentina.
Volver a Buenos Aires significa hacer un balance de lo que aprendí en estos casi tres años viviendo en Suiza. De lo valiente que fui en armar la vida en otro país y superar cada prueba que la vida me puso allí.
Buenos Aires es un momento ideal para tomar carrera y ver hacia dónde quiero ir ahora. ¿Qué metas quiero alcanzar?

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Y volver también a Suiza

Quizás ya no soy la misma que se ponía triste en las despedidas. Quizás ahora los recuerdos son un gran tesoro que guardo en el corazón. Un testigo de mi crecimiento y aprendizaje. ¿O es que ambas son las misma palabra?

Voy a volver a Europa con una mochila mucho mas liviana! Le había comentado a Lu: una amiga  valiente, que con sus 40 se animó a vender todo(literalmente) dejar su vida de Argentina y mudarse a Inglaterra.

Por eso soltar y derribar mundos internos es necesario, para construir mundos mejores. O simplemente ver las montañas escaladas y buscar nuevas.

Creo que ese es el trabajo que vine a hacer a Buenos Aires. Y prepararme para seguir construyendo nuevos mundos internos, allá en la especial Suiza, que me esperará con mas montañas.

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Was Tere finding what she had come for?

December found me again in Argentina, my country of origin, after almost three years without visiting it. A month with friends and family reunions, with another Buenos Aires, with another Tere.

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“It’s a curious thing to go home, everything looks the same, it smells the same, it feels the same, you realize what’s changed is you.” The curious Case of Benjamin Button

How does time pass by?

I was telling Mom, while watching videos from when I was a child. The filmcamera and my parents were the most faithful witnesses of my childhood. I think that they are also the only records we count on to be able to observe ourselves.

Skype has a lot to envy to come face to face with a person. Although it shortens distances and makes us feel accompanied … it can’t give us the experience of feeling a comforting family embrace. As happens in those days when I’m tired because I have many challenges ahead or because I was congratulated on the job.

We went on vacation to Merlo, San Luis

My parents rented a cabin on the Comechingones mountains in the Rincon del Este neighborhood, in the town of Merlo. And we spent 10 days sharing a beautiful family vacation.

There on the hillside of the mountain range the telephone and Wi-Fi signal had very little reach. It was sort of lucky, to know that Facebook news would not matter. There the cell phone would behave in its functional way. And the rest would fit in its right place.

It was in the afternoons that countless conversations with my mom awaited me. Of those talks that with a thin thread would give me the answers I needed.

Days when my eyes looked at the infinite range of the green color of the trees. And next, my ears participated as spectators of a particular orchestra.
Fauna: by day, a fox crossed the gravel road that led to the hut we rented; at night, a hare ran in front of the beam of light of our car; a cuis posed on a stone for a picture.
Birds: hummingbirds pecking at a plant that gave orange flowers; woodpeckers pricking the branches of the trees, thrushes that showed in their beak the worms, thrushes, birds and pigeons.
Insects: crickets, fireflies, flies that never ceased to leave hives in the legs, flies, bees and wasps.
We punctured ourselves with the espinillos.

On the road, almost flooded, we see swans of black neck (originaly from south america) ducks, herons and chimangos.

I was read a book that they gave to my mom. A novel by Florencia Bonelli, entitled Marlene. I was so captivated that I read it in three days. The story was starred by a young Argentinian who had returned from her trip to Europe after becoming a renowned opera singer. I have a lot of things in common with Marlene, and I figured out that this book was trying to tell me something.

The holidays were a necessary disconnect-connection. I love the landscapes of my beloved country.

And we came back

And the grass was more grown, there were some new flowers and some other dead cockroach in the corners of the house. Although the house was the same as always, there was something invisible that made itself felt. Perhaps because those 10 days in the mountains changed us and we arrived as transformed with a new vision of things. The house was different, or was it us?

Record the changes, the achievements, what we liked the most

Sometimes we do not record that minute-by-minute the grass is growing, that the food we are eating is nurturing us, that the sun is enlightening us and fills us with energy.

With or without registration, but with a margin of time, we realize that we are different. That those little things that happen in the day to day do transform us.

“Trying to know who we are, we become distracted or we do not realize that what we do every day is slowly transforming into who we are. WE ARE WHAT WE DO EVERY DAY” Solo por hoy.

That’s why I didn’t want to delay my arrival in Argentina.

To return to Buenos Aires means to take stock of what I learned in these almost three years living in Switzerland. From how brave I was to build life in another country and to surpass every test that life put me there.
Buenos Aires is an ideal time to take a career and see where I want to go now. What goals do I want to achieve?

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And also return to Switzerland

Maybe I’m not the same one who was sad in farewells. Perhaps now the memories are a great treasure that I keep in the heart. A witness of my growth and learning. Or are they both the same word?

I’m going back to Europe with a much lighter backpack! I had told Lu: a brave friend, who with his 40 was encouraged to sell everything (literally) leave her life in Argentina and move to England.

So letting go and breaking down internal worlds is necessary, to build better worlds. Or just watch the mountains climb and look for new ones.

I think that’s what I came to do to Buenos Aires. And prepare myself to continue building new internal worlds, there in the special Switzerland, which will await me with more mountains.